17 de mayo del 2026
Micro y macro: ¿amor u odio?
Algunos dicen que la microeconomía nació de una costilla de la macroeconomía, otros justo lo contrario. La verdad es que sus orígenes no importan. Lo único relevante es que cada parte por sí sola no funciona. La micro sin la macro es como un perro sin árbol. Macro sin micro termina inevitablemente confundiendo “Mi auto Mercedes Benz” con “Mercedes, ven a mi auto”.
El amor entre ambas áreas de la economía hay que cultivarlo desde temprano. Las universidades, por ejemplo, deben potenciar a aquellos sabios profesores que, por estudio o iluminación, pueden enseñar cada parte reconociendo el valor de la otra. Hablar de inflación (macro) sin discutir precios relativos (micro) es un crimen. Enseñar cómo un subsidio afecta incentivos (micro) sin ver impactos agregados (macro) es una chacota.
Ahora, lograr esa combinación no es fácil, pues como en toda pareja, entre micro y macro hay decepciones, peleas y desacuerdos. Sin embargo, enfrentado a esas tensiones, un buen economista siempre debe recordar esa reflexión de Meg Ryan en el clásico de Rob Reiner “Cuando Harry conoció a Sally”: “¿Te das cuenta? Eso es tan propio de ti, Harry. Tú dices cosas así y haces imposible que pueda odiarte. Y te odio, Harry. Realmente te odio”. Micro y macro, amor y odio, Sally y Harry juntos.
¿Puede Cupido fallar en su intento de dar con el corazón del economista? Es triste, pero pasa. Ya advertí de los problemas que enfrentará ese colega en el día a día. A continuación, un par de desastres desencadenados por esos quiebres sentimentales.
Tomemos a Chile en los 60 y comienzos de los 70. Una idea macro que rondaba era que con expansiones monetarias sorpresivas (financiando déficit) podía sostenerse la actividad y el empleo. ¡Genios! Obvio que la gente entendería rápido el juego. En las empresas los salarios anticipan la inflación, los precios van al alza y comienza la bola de nieve inflacionaria. Bob Lucas nos enseñó que no se puede hacer buena macro ignorando la reacción de individuos y empresas.
Es que los dramas cuando se te pasa la micro son gigantes. En el mundo del trabajo alcanzan niveles dignos de Corín Tellado. En Europa, por ejemplo, a gente muy bien intencionada se le ocurrió hacer los costos de despedir a alguien extremadamente altos. La idea era evitar la destrucción de empleo sin reparar que eso podía ser el resultado natural de un mal match entre trabajadores y empresas.
¿Resultado agregado? Menos contratos a plazo indefinido, mayor sustitución de nuevos empleos por máquinas y un estancamiento generalizado en la productividad. Chile enfrenta desafíos en estos ámbitos.
Uno podría pensar que la micro es a la macro lo que el yin es al yang, pero no. No son fuerzas opuestas que se complementan. Forman una dupla coincidente que se potencia virtuosamente. Ese quizás sea el mayor secreto del amor por la economía. Cuando uno se da cuenta de lo que significa la micro junto a la macro, no se puede dejar de pensar en la pareja.
Fuente: El Mercurio - Cuerpo A, Página 3.
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Macroeconomía
Ing. Comercial U. de Chile. Ph.D. en Economía U. de Chicago (EE.UU.). Associate Professor University of Maryland.
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