26 de marzo del 2026
La canasta básica sufre la presión del alza de combustibles: ¿Cómo se delinea el impacto inflacionario?
El aumento de hasta $580 por litro en el diésel y $370 en gasolinas incidirá directamente en alimentos y transporte. Expertos proyectan los efectos en el IPC.
El alza histórica en los combustibles en Chile ya comienza a generar efectos inmediatos en la economía doméstica, especialmente en el costo de la canasta básica. La decisión del Gobierno de ajustar el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) y traspasar con mayor rapidez las variaciones internacionales al mercado local marca un punto de inflexión en el precio de bienes esenciales.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anunció un incremento de 370 pesos por litro en la gasolina de 93 octanos y de hasta 580 pesos en el diésel, en una medida que comenzará a regir a partir del jueves 26 de marzo. La decisión responde, según explicó la autoridad, a la necesidad de alinear los precios internos con el mercado internacional, en medio de un escenario de alza sostenida del petróleo producto del conflicto en Medio Oriente.
De acuerdo con el Ejecutivo, mantener los precios desacoplados del contexto global implicaba un costo fiscal cercano a los 140 millones de dólares semanales, lo que llevó a adoptar una medida calificada como “dura”, pero necesaria.
Efecto en la canasta básica
El impacto de esta alza no se limita al costo de cargar combustible. Su efecto más significativo se proyecta en la cadena de producción y distribución de bienes, especialmente alimentos.
Francisca Cuadros, investigadora de CLAPES UC, explica que el alza en el precio de los combustibles genera efectos inflacionarios indirectos, entre ellos vía costos de producción y distribución, impactando a alimentos, bienes y servicios que dependen del transporte para su abastecimiento. Esto significa que productos básicos, desde frutas y verduras hasta alimentos procesados, comenzarán a reflejar incrementos en sus precios debido al encarecimiento del traslado.
En esa línea, Andrés Acuña, director del Magíster en Economía Aplicada de la Universidad del Bío-Bío, advierte que “el traslado de alimentos—especialmente frutas, verduras y hortalizas—verán incrementado su costo de transporte, lo que inevitablemente se traspasará a los precios que enfrentan los consumidores en ferias libres y supermercados”.
Entre los productos más afectados se encuentran aquellos que recorren largas distancias dentro del país. Explica el experto que “por ejemplo, el tomate larga vida, donde parte de su producción radica en Arica y abastece en gran parte a la zona central y centro-sur del país”, va a sufrir un aumento.
El rol clave del transporte
El transporte aparece como el principal canal de transmisión de este shock hacia el resto de la economía. El aumento en el precio del diésel impacta directamente a la logística, especialmente en el transporte de carga. Cuadros detalla que “un alza de $580 por litro en el diésel incrementa directamente los costos del transporte de carga, y, por ende, también de la cadena de distribución de los bienes. Dado que la demanda de transporte es relativamente inelástica, ese mayor costo termina traspasándose inevitablemente a precios finales”.
Esto implica que el consumidor final absorbe gran parte del impacto, ya que las empresas no tienen margen para contener completamente estos costos adicionales.
Michèle Labbé, investigadora de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno de la Universidad San Sebastián, coincide en que el efecto es transversal. Explica que el alza del petróleo no solo afecta el transporte, sino también los procesos productivos.
Según señala, los bienes más afectados serán aquellos intensivos en uso de energía o transporte, como productos agrícolas y manufacturados. Además, advierte que el contexto internacional eleva el riesgo económico, lo que puede traducirse en un tipo de cambio más alto y, por ende, en mayores precios para bienes importados.
Proyección de la inflación
El impacto inflacionario de esta medida ya comienza a ser estimado por economistas. Las proyecciones apuntan a un aumento en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) durante los próximos meses. Acuña sostiene que “la inflación podría experimentar un leve repunte entre los meses marzo y junio del presente año, para luego retomar su trayectoria por debajo el 2,4% interanual hacia fin de año”. En ese contexto, proyecta un IPC de marzo cercano al 0,66%.
Además, estima que la categoría de alimentos podría registrar un crecimiento interanual promedio de 4,2% entre marzo y julio, lo que elevaría la canasta básica por sobre los $90.000.
Por su parte, Cuadros proyecta que “el alza en el precio de los combustibles tendrá un efecto directo de aproximadamente un punto porcentual de inflación, distribuido entre marzo y abril. Esto llevaría la proyección anual hacia el 4%”.
Un shock con posible carácter transitorio
Pese a la magnitud del ajuste, algunos expertos plantean que el fenómeno podría ser temporal, dependiendo de la evolución del escenario internacional. Acuña explica que “este shock es transitorio y no debiera extenderse por más de 3 meses”, especialmente si se logra una salida diplomática al conflicto en Medio Oriente que permita estabilizar el precio del petróleo.
En ese sentido, señala que los mercados de futuros ya comienzan a anticipar una eventual baja en los precios del crudo, lo que podría reducir la presión sobre los combustibles en el mediano plazo.
Fuente: Emol
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Macroeconomía
Ing. Comercial y Magíster en Economía Aplicada Mención Políticas Públicas UC.