24 de marzo del 2026
El coordinador macroeconómico de CLAPES UC, Hermann González, dice que tras el alza en los precios de los combustibles el Banco Central no tiene espacio para bajar la tasa “porque este tipo de shock termina transmitiéndose al resto de la economía a través de distintas cadenas de costos”.
-El gobierno anunció un alza de $370 en la gasolina y $580 en el diésel tras los cambios en el MEPCO. ¿Cómo evalúa el impacto económico de una subida de esta magnitud?
-Efectivamente vamos a tener un efecto inflacionario importante con este anuncio. El mercado había venido anticipando gradualmente mayor inflación para marzo y abril, eso se veía en los futuros de inflación. Pero pienso que este dato es una sorpresa para el mercado. Por lo tanto, es muy probable que mañana veamos revisiones adicionales al alza en esos futuros, especialmente para los meses de marzo y abril.
Lo relevante es que tenemos bastante claridad sobre el impacto directo de corto plazo, pero hay muchas más dudas respecto de los efectos indirectos. Este tipo de shock termina transmitiéndose al resto de la economía a través de distintas cadenas de costos.
-¿Qué otra opción tenía Quiroz para enfrentar esta crisis de alza en el petróleo a nivel internacional?
-Una alternativa era moderar la magnitud del traspaso a precios internos. No eliminarla, pero hacerla más gradual. Eso tiene un costo fiscal, obviamente, que debería haber sido financiado con las alternativas que tiene todo gobierno, incluyendo el uso de activos, la emisión de deuda dentro del margen autorizado en la ley de presupuestos o reasignaciones de gasto público.
-¿Qué magnitud podría alcanzar ese impacto en la inflación de corto plazo?
-Sabemos que las inflaciones de marzo y abril van a ser elevadas. Eso va a impactar directamente en la UF y en una serie de precios que están indexados a ella. También veremos aumentos en pasajes aéreos por el efecto combinado del tipo de cambio y del mayor costo de los combustibles.
Además se suma el anuncio de la suspensión de la exención que tenían las aerolíneas en el impuesto al diésel. Todo esto genera una visión de mayor inflación.
Hoy las estimaciones para abril se ubican en torno a 0,8%, pero creo que existe el riesgo de que supere el 1%. Ese sería un efecto directo del aumento de los combustibles.
-Hasta hace poco se esperaba que la inflación cerrara el año por debajo de 3%. ¿Ese escenario cambia con este anuncio?
-Sí, cambia bastante. Hace pocas semanas las proyecciones apuntaban a una inflación de cierre de año inferior al 3%. Hoy veo bastante probable que termine sobre el 4%. Si uno mira la inflación promedio anualizada entre marzo y diciembre, los futuros hoy están cerca del 4%. Pero con este shock el riesgo es que esa cifra se acerque más al 5%.
Eso refleja la magnitud del impacto que puede tener este ajuste de combustibles sobre la economía.
-El gobierno explicó que el ajuste busca reducir el costo fiscal del mecanismo. ¿Qué implica eso para el funcionamiento del MEPCO?
-Históricamente el MEPCO ha tenido un objetivo claro: atenuar el traspaso de las alzas internacionales del petróleo a los precios locales. Con este cambio lo que estamos viendo es un giro en ese objetivo. Ahora el foco pasa a ser minimizar el costo fiscal del mecanismo.
Eso significa que el subsidio implícito es menor y que el traspaso del aumento internacional hacia los precios locales ocurre con mayor rapidez. En términos simples, el precio final sube más porque el Estado absorbe menos del shock.
-¿Qué implicancias tiene esto para las expectativas de inflación?
-Cuando el mecanismo funciona con ajustes graduales dentro de una banda relativamente estable, el mercado tiene mayor certeza sobre cómo evolucionará la inflación. Eso tiende a reducir la prima por riesgo en las tasas de interés y en las expectativas inflacionarias.
Con un ajuste tan abrupto, en cambio, no solo aumenta el nivel de inflación sino también la incertidumbre respecto de su evolución futura. Además, quedó abierta la puerta a que en el futuro se produzcan cambios importantes en los parámetros del mecanismo. Eso introduce más volatilidad en las proyecciones.
“El Banco Central no tiene espacio para bajar la tasa”
-El Banco Central tiene reunión de política monetaria. ¿Cómo debería reaccionar frente a este escenario?
-Con la incertidumbre actual no hay espacio para bajar la tasa de interés. Lo más razonable es esperar y ver cómo evolucionan las cosas. Probablemente este ajuste ni siquiera estaba incorporado en las proyecciones que se habían preparado para la reunión, pero evidentemente es un antecedente relevante.
Con el impacto inflacionario que estamos viendo, lo prudente sería mantener la tasa mientras se observa cómo evoluciona el escenario internacional.
-¿Significa esto que el ciclo de recortes en la tasa de interés terminó?
-Por lo menos durante los próximos meses no deberíamos esperar bajas de tasa. Antes del inicio de la guerra el mercado anticipaba recortes adicionales, pero con todo lo que ha ocurrido desde entonces ese escenario cambió. Hoy lo más probable es que la tasa se mantenga en torno a 4,5% mientras persista la incertidumbre internacional. Más adelante dependerá de cómo evolucione la guerra y el escenario externo.
-Más allá de la inflación, ¿qué efectos puede tener este shock en la actividad económica?
-Este tipo de shock también tiene un impacto negativo en el crecimiento. Al subir los combustibles se reduce el ingreso real de las personas y, por lo tanto, se afecta el consumo. Además, si las tasas de interés se mantienen más altas de lo que se esperaba hace algunos meses, eso también impacta las decisiones de inversión y gasto.
En ese sentido estamos frente a un shock que golpea tanto la inflación como el crecimiento.
-¿Se pone en riesgo la proyección de crecimiento para este año?
-Sí, existe ese riesgo. A comienzos de año la economía se veía relativamente bien encaminada hacia un crecimiento cercano al 2,5%. Sin embargo, los datos del inicio del año no han sido particularmente dinámicos. El IMACEC de enero, las importaciones y otros indicadores no muestran un gran impulso.
El primer trimestre probablemente crecerá cerca de 1,5% como máximo. Eso significa que para alcanzar 2,5% sería necesaria una aceleración importante en la segunda mitad del año.
Con este shock energético ese escenario se vuelve más difícil. Por lo tanto hoy el 2,5% se ve como una meta exigente y existe el riesgo de que el crecimiento termine siendo menor.
Fuente: Ex-Ante
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