5 de enero del 2026
FES: ¿Qué lecciones arroja la evidencia comparada?
“... los sistemas universitarios más exitosos del mundo comparten dos rasgos fundamentales: alta autonomía institucional y competencia por recursos, estudiantes y talento académico...”.
El proyecto de Financiamiento de la Educación Superior (FES) ha suscitado diversas críticas: potenciales desequilibrios fiscales, desfinanciamiento de las instituciones, pérdida de autonomía universitaria y un impuesto al capital humano por el gravamen a los ingresos de los graduados. La validez de estas aprensiones adquiere mucha relevancia a la luz de estudios recientes que indagan sobre la relación causal entre educación e investigación universitaria y crecimiento económico.
El reciente premio Nobel de Economía, Philippe Aghion (2025), ha demostrado que la educación universitaria y la investigación pueden ser determinantes para que los países eleven su productividad y crezcan más rápidamente. ¿Por qué el sistema universitario de los Estados Unidos es el de mayor prestigio y referente mundial? Independientemente del ranking que se consulte —Shanghai, Times Higher Education o QS—, su predominio es abrumador. ¿Qué explica ese resultado?
Aghion y otros investigadores (NBER, 2005; Brookings Papers, 2009, y Bruegel, 2008) ofrecen una respuesta clara y contundente: los sistemas universitarios más exitosos del mundo comparten dos rasgos fundamentales: (1) alta autonomía institucional y (2) competencia por recursos, estudiantes y talento académico.
Se comprueba que estos factores permiten a las universidades adaptarse, innovar, atraer talento y usar eficientemente los recursos. Para medirlo construyen indicadores de libertad presupuestaria, capacidad de contratación, independencia curricular, peso del financiamiento competitivo y descentralización del proceso de admisión.
Con esos datos comparan universidades europeas y constatan diferencias marcadas. Inglaterra exhibe altos niveles de autonomía presupuestaria y libertad de contratación de académicos, descentralización del sistema de admisión y un uso importante de fondos competitivos. España, en contraste, presenta controles estatales mucho más rígidos en presupuesto, admisión y contratación, lo que se asocia con menor productividad académica.
La evidencia causal proveniente de EE.UU. es categórica: frente a una mayor disponibilidad de fondos, las universidades con mayor autonomía son más eficientes en su uso: transfieren esos recursos hacia investigación de frontera (publicaciones, patentes y laboratorios), mientras que las que exhiben menor autonomía no logran ese propósito. En palabras simples: no basta con disponer de más recursos, la institucionalidad importa más que el presupuesto.
Este conjunto de estudios ha influido profundamente en reformas universitarias en Europa y en organismos internacionales como el Banco Mundial y la OCDE.
Dada esta evidencia cabe preguntarse: ¿promueve el FES una mayor autonomía y competencia universitaria o bien desplaza el sistema hacia esquemas más rígidos, similares a los menos exitosos? El detallado informe de la Pontificia Universidad Católica es contundente. El FES incrementa significativamente la dependencia financiera del Estado, al reemplazar un sistema donde los aranceles representan entre 67% y 100% de los ingresos operacionales, por otro en que el financiamiento queda sujeto a reglas administrativas y a condicionantes externas definidas por el gobierno de turno.
El FES limita fuentes alternativas de financiamiento, incluyendo fondos de investigación y mecanismos propios de la gestión. Además, reemplaza la autorregulación por un mayor control con reportes periódicos de los recursos humanos, abre la puerta a intervenir la gobernanza universitaria y afectar la capacidad de contratar, evaluar y organizar el trabajo académico. Por último, desaparece una dimensión competitiva al eliminar la libertad para fijar los aranceles de las carreras.
En síntesis, el FES debilita simultáneamente los dos pilares que, según Aghion y la literatura contemporánea, son determinantes para lograr universidades de excelencia: autonomía real y competencia efectiva.
Adoptar el FES haría que nuestro sistema universitario fuera más centralizado, menos flexible, más dependiente del Estado y menos enfocado en la investigación y la enseñanza de frontera. En suma, más alejado de los modelos universitarios exitosos.
Cuando Chile enfrenta el desafío de un mundo donde el conocimiento es el principal motor del crecimiento económico resulta indispensable que las decisiones que se tomen no nos alejen del progreso. La evidencia debe prevalecer por sobre las motivaciones ideológicas.
Fuente: El Mercurio - Cuerpo A, Página 2.
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Educación
Ingeniero Comercial UC y Master of Arts de la Universidad de Chicago, EE.UU.