27 de agosto del 2026
DE LA SEQUÍA AL DILUVIO:
Chile enfrenta el desafío de adaptarse a ciclos de agua cada vez más extremos
El informe Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025, de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advierte que la tendencia de las precipitaciones observadas los últimos 50 años es muy heterogénea: en una misma zona geográfica pueden presentarse fenómenos climáticos cada vez más extremos y advertirse un tránsito acelerado desde la sequía al diluvio.
Claudia Villarroel, meteoróloga jefa de la Oficina Cambio Climático de la Dirección Meteorológica de Chile, explica que la alternancia entre sequías y períodos —o décadas— más lluviosas forma parte de la variabilidad natural del sistema climático, en la cual influyen fenómenos como El NiñoOscilación del Sur.
“Una de las principales señales proyectadas y observadas del cambio climático en Chile es un aumento de las precipitaciones hacia el norte del país y una disminución sostenida hacia la zona central y centro-sur. Esta última se suma al aumento de las temperaturas, generando condiciones que pueden favorecer la ocurrencia de riesgos climáticos combinados. Entre ellos se encuentran las olas de calor, con sus efectos sobre la salud de la población, y condiciones más favorables para la propagación e intensificación de incendios forestales”, apunta.
Villaroel sostiene que, más que hablar de una transición desde condiciones secas hacia eventos de precipitaciones más extremas, lo adecuado es referirse a una mayor variabilidad y un mayor contraste en el comportamiento de las precipitaciones, dependiendo de la región y de la escala temporal analizada. El evento del 14 al 21 de julio es un ejemplo concreto y, a la vez, reciente, donde un río atmosférico dejó 178 milímetros en La Serena, que hasta entonces registraba apenas 1,6 milímetros en todo el año.
CIUDADES CAPACES DE CONVIVIR CON EL AGUA
Hernán de Solminihac, profesor titular de Ingeniería UC y miembro de CLAPES UC, sostiene que Chile no está lo suficientemente preparado para enfrentar simultáneamente este paso de la sequía a inundaciones.
“Buena parte de nuestra infraestructura fue diseñada utilizando registros históricos que suponían un comportamiento climático relativamente estable. Hoy, con el cambio climático, podemos enfrentar períodos prolongados de escasez y, a la vez, precipitaciones muy intensas concentradas en pocas horas o días”, advierte.
A criterio del también presidente del Colegio de Ingenieros y consejero del Consejo de Políticas de Infraestructura, este escenario no solo obliga a revisar los estándares de diseño, las capacidades de drenaje, las obras de protección y los criterios de mantenimiento, sino que requiere modificar la forma en que enfrentamos las precipitaciones.
“También optar por sistemas que combinen infraestructura de aguas lluvias, conducción, reúso de aguas tratadas y desalinización donde sea conveniente. Una lluvia intensa no debiera verse solamente como una amenaza que hay que evacuar rápidamente sino, cuando las condiciones lo permitan, como una oportunidad para almacenar parte de esa agua para los períodos secos”, agrega el ex ministro de Obras Públicas.
Carolina Rojas, profesora titular del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la UC y directora alterna del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), considera que la adaptación urbana constituye un frente central para retener, infiltrar, almacenar y reutilizar el agua llovida. En esta materia, destaca el modelo de las “ciudades esponja”, que consiste en recuperar parte del funcionamiento hidrológico que tenía el suelo antes de la urbanización, combinando humedales, parques inundables, jardines de lluvia, áreas vegetadas, pavimentos permeables, cursos de agua y espacios de almacenamiento.
“En una ciudad muy pavimentada, cuando llueve intensamente, gran parte del agua corre por las calles y colectores y se concentra en pocos puntos, generando anegamientos. Una ciudad esponja busca exactamente lo contrario: captar el agua donde cae, disminuir su velocidad, infiltrar una parte, retener otra y liberarla gradualmente”, detalla.
La investigadora también estima necesario proteger los lugares que naturalmente almacenan agua pues, perder esos espacios, significa perder capacidad natural de regulación.
“El primer cambio es planificar desde la cuenca y no solamente desde los límites administrativos de cada comuna. El agua no reconoce esos límites: lo que se impermeabiliza o interviene aguas arriba puede generar consecuencias varios kilómetros aguas abajo”, indica.
Fuente: El Mercurio - Cuerpo B, Página 5.
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NoticiapublicColaboración con Instituciones o Centros UC
Facultad de Ingeniería UCCentro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales, CLAPES UC
Ing. Civil UC. MSc. y Ph.D. U. de Texas (EE.UU.). Exministro de Minería y Obras Públicas. Profesor Titular Facultad de Ingeniería UC
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