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Columnas

Revolución industrial 4.0: reconversión y oportunidad

“No le temas a las máquinas, trabaja con ellas”, decía el famoso ajedrecista Garry Kasparov, quien perdió un partido notable con el supercomputador Deep Blue de IBM en 1997.

Esa -aparentemente- simple recomendación debemos asimilarla cada vez más. Me pregunto si nuestros antepasados se habrían imaginado alguna vez que nos comunicaríamos a miles de kilómetros de distancia de forma instantánea desde cualquier lugar mediante una simple videollamada; que se podría realizar una ecografía a distancia o que un vehículo autotripulado nos podría trasladar con una simple instrucción. Más aún que un eclipse solar fuera visto simultáneamente por miles de personas en todo el mundo.

El futuro en este sentido es prometedor, donde la Revolución Industrial 4.0 está marcando un antes y un después en nuestra historia. El impacto de la tecnología digital, el procesamiento de datos, adelantos en la robótica e inteligencia artificial (IA) se hacen cada vez más presentes. El temor de algunos: la automatización y el reemplazo de empleos.

Clapes UC presentó mediante un modelo predictivo la probabilidad de automatización en el mercado laboral de Chile. Esta cifra alcanza el 42%, mientras que el 17% de los ocupados presenta un alto riesgo de automatización. Los segmentos de mediana y baja calificación presentan probabilidades promedio mayores de reemplazo (40% y 53% respectivamente) que el segmento de alta calificación (37%).

Por supuesto, hay distintas formas de mirar el futuro. En oposición a la amenaza de reemplazo de empleos, el World Economic Forum señala que “los sistemas y robots de IA impulsarán la productividad, reducirán costos y mejorarán la calidad y gama de productos que las empresas pueden ofrecer”.

Tal como sucedió con las anteriores revoluciones industriales, surgen nuevas oportunidades. En ese aspecto, la capacitación y formación continua son claves: una reconversión productiva, fortalecimiento de habilidades de más difícil reemplazo como la creatividad, razonamiento crítico y habilidades blandas y, obviamente, habrá quienes deban operar y mantener las nuevas tecnologías.

Tras su derrota, el ajedrecista promovió la llamada “Ley Kasparov”: humano débil + máquina + mejor proceso es superior a humano fuerte + máquina + proceso inferior. Las nuevas tecnologías y en particular la automatización no son enemigas, sino aliadas para mejorar nuestra calidad de vida.

Columna publicada Pulso