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Columnas

Precios de los medicamentos, post Covid

Libertad de precios en la venta de medicinas opera en Chile ya por varias décadas, pero algunos de sus resultados decepcionan. Prevalecen precios caros, muy por sobre sus valores en otros países, en remedios sin sustitutos genéricos bioequivalentes (2/3 de las medicinas innovadoras en venta en Chile no tienen opción bioequivalente en el país). En respuesta, el Proyecto de ley Fármacos II introduce la posibilidad de regular el precio de las medicinas. A mi juicio esto es un grave error. Confunde un objetivo quizás loable a más largo plazo, con tareas que el legislador debe antes priorizar.

Existe amplio consenso internacional que regular precios en el sector farma implica problemas complejos de resolver, para lograr los efectos deseados: precios más competitivos (pero sin desangre fiscal insostenible), oferta diversa y segura de medicinas y acceso oportuno a nuevos remedios.

La industria es globalizada y oligopólica. Cada uno de los grandes operadores multinacionales controla portafolios diversos de medicamentos, varios de ellos sustitutos entre sí, ajustando su oferta de forma estratégica. Así, los grandes laboratorios tienen amplio poder de mercado para cobrar distintos precios, por el mismo producto, a distintos segmentos de demanda (dentro de cada país y entre países). También disponen de múltiples formas para by-pasear la regulación. Controles sobre algunos medicamentos reducirán su oferta y promoverán alzas de precios en productos no regulados. Surgirá mercado negro, con riesgo de seguridad sanitaria. Se retardará la entrada de nuevas medicinas, al reducirse su rentabilidad. Y se venderán medicinas usando diversos esquemas mayoristas (por ejemplo, descuentos o reembolsos por volumen, ventas atadas), difíciles de rastrear por el regulador.

Antes que pensar en regulación de precios, es necesario avanzar en resolver otras carencias muy importantes. Primero, hay que robustecer la institucionalidad pública sectorial: su capacidad de fiscalización es muy precaria. Ella debe además evolucionar, desde sólo enfocarse en la efectividad y seguridad de las medicinas, para entender mejor los incentivos económicos que condicionan los efectos de distintas medidas de intervención.

Fármacos II crea una nueva entidad pública (el Observatorio de Medicamentos), pero en lo medular la concibe como otra instancia más de coordinación (entre agencias públicas). De crearse, más bien debiera priorizarse su excelencia técnica e independencia del poder político. Segundo, se debe corregir el funcionamiento de aspectos regulatorios: perfeccionar aspectos registrales (llegada y comercialización de nuevas medicinas) y cambiar la forma cómo se prescriben las recetas médicas (España es un buen ejemplo para imitar). Y tercero, se debe inyectar más presión de competencia en el mercado. Esto sí es posible: promoviendo la llegada y oferta de más genéricos, con certificación de equivalencia terapéutica. Y facilitando la importación de medicinas seguras y el desarrollo de nuevas plataformas de venta (ventas online, góndolas del retail).

Sin antes avanzar en estas tres áreas, regular precios en el sector farma resultaría en un gran fiasco. Temas para pensar, post operatorio del Covid.

Julio Peña Torres
Investigador Asociado, CLAPES UC