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Columnas

03 Julio 2020 | Juan Bravo | Empleo

Paradojas de la tasa de desempleo

La crisis ya destruyó todo el empleo generado en la última década en nuestro país. Asimismo, la caída de 16,5% anual del empleo ya supera lo ocurrido incluso en la crisis de 1982. Estos antecedentes dan cuenta de lo devastador de la actual recesión en el mercado laboral.

Un panorama muy diferente nos muestra la tasa de desempleo. La última cifra de 11,2% nos dice que recién nos acercamos a lo observado en el peak de la recesión 2009, pero que estamos muy por debajo de lo vivido en la crisis de 1982. En definitiva, la tasa de desempleo, si bien ha aumentado, nos muestra una realidad mucho más benigna que la cifra de empleo. ¿Cómo es posible que exista una diferencia tan abismal entre la realidad laboral que nos revelan ambos indicadores?

La respuesta es que durante esta recesión la mayoría de quienes han perdido su trabajo no está pasando a un status de desocupado, sino que de inactivo. En efecto, en el último año se destruyeron 1.474.752 puestos de trabajo. Por su parte, el número de desempleados en ese mismo lapso aumentó en 244.536. Es decir, el aumento de desocupados equivale a solo el 16,5% de la destrucción de empleo. Así, es claro que perder el empleo no está siendo sinónimo de desempleo, al menos desde el punto de vista de las estadísticas oficiales, para la mayoría.

La contrapartida de lo anterior es una explosión de los inactivos. Aquí es importante comprender que para que una persona que no tiene empleo sea clasificada como desocupado debe cumplir 2 requisitos que se deben cumplir simultáneamente: haber buscado empleo activamente en las últimas 4 semanas y estar disponible para trabajar de inmediato. Basta con que la persona no cumpla uno de esos 2 requisitos para ser clasificada como inactiva. Y precisamente una de las consecuencias de la pandemia es que muchas personas no buscan trabajo, pero no lo hacen porque dadas las circunstancias saben que no encontrarán un trabajo, no pueden ir a entrevistas de trabajo, no se quieren contagiar, etc. En definitiva, esta es la razón fundamental que explica el aumento anual de casi 1,6 millones de inactivos y por qué la tasa de desempleo nos entrega una foto totalmente distorsionada de la realidad. Por tanto, este indicador sencillamente no permite medir en forma adecuada el estado de salud del mercado laboral.

Esto llevará posiblemente a un fenómeno paradojal durante la fase de recuperación económica: la tasa de desempleo durante ese periodo puede ser bastante superior a la observada en pleno confinamiento. La razón es que una vez levantadas las cuarentenas y que empiece la vuelta paulatina a la normalidad, esas personas que hoy la estadística clasifica como inactivos comenzarán a buscar empleo y estarán disponibles para trabajar de inmediato. Sin embargo, es poco factible que el ritmo de recuperación del empleo sea lo suficientemente veloz para absorber a tantas personas que querrán reintegrarse. De esta manera, una fracción significativa de los actualmente inactivos pasará a ser clasificado como desocupado y así veremos tasas de desempleo mayores en un periodo donde la economía estará mejor que ahora. Por el contrario, las cifras de variación del empleo, como de costumbre, estarán alineadas con los indicadores de actividad económica.

Otro fenómeno paradojal que se observará en las próximas cifras es que la tasa de desempleo masculina superará a la de las mujeres, a pesar de que la destrucción de empleo femenino es mayor tanto en términos relativos como absolutos que en el caso de los hombres. Existen factores estructurales que producen desventaja en la inserción laboral femenina, asociados a la distribución cultural de los roles por género y que explican por qué persistentemente vemos tasas de desempleo femenino superiores a la masculina. Ahora en la pandemia, se invertirá esta relación habitual, y por supuesto, esto no se debe a que hemos tenido un avance repentino en materias de equidad de género, sino que en realidad es precisamente lo opuesto. Son ellas quienes se están relegando en mayor grado del mercado laboral en esta crisis sanitaria para poder cuidar a personas dependientes y por lo mismo, se demorarán también más tiempo en recuperar sus tasas de participación cuando empiece la normalización de las actividades productivas. El paso a la inactividad desde la destrucción de empleo es mucho más alta entre mujeres que entre hombres, lo que llevará en las próximas cifras de tasa de desempleo a mostrar este fenómeno paradojal.

En definitiva, el indicador de tasa de desempleo está y seguirá mostrando una realidad distorsionada, que induce a conclusiones erradas, por lo que resulta trascendental enfocarse directamente en la evolución de los puestos de trabajo para comprender correctamente la realidad laboral.

Juan Bravo
Investigador de CLAPES UC

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