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Columnas

Narrativa Económica

Ad portas de conocer un nuevo Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económica en memoria de Alfred Nobel (el Nobel se anuncia mañana), traigo a colación dos importantes laureados pasados. No se inquiete, no lo voy a aburrir con sus sesudos papers o complejos análisis estadísticos. Sus contribuciones a la profesión son más generales de lo que se imagina.

El cambio tecnológico que significó la capacidad de recopilar información remeció las ciencias económicas durante la primera mitad del Siglo XX. ¿Será posible dejar de lado los modelos? ¿serán los datos suficientes para entender la realidad? En 1946, Tjalling Koopmans (Nobel de 1975) se hizo cargo de la disyuntiva. Y lo hizo magistralmente, al comentar un popular libro que sugería que la profesión podría abstraerse de la teoría (Measuring Business Cycles de  Burns y Michell). ¿La visión de Koopmans? Independiente de la sofisticación de los métodos estadísticos y la cantidad de números analizados, la ausencia de un modelo de comportamiento humano transforma inevitablemente el estudio de la economía en algo pedestre y limitado. Es más, ningún hacedor de política serio debería tomar decisiones en base a ideas generadas solo a partir de cifras. Y es que, planteó el Nobel, la ausencia de un ancla racional puede ser extremadamente costosa en esas circunstancias

La semana pasada me topé con Robert Shiller (Nobel de 2013) presentando su más reciente libro, Narrative Economics, en una librería en Washington D.C. El texto también habla de información, pero en el Siglo XXI. Su idea es más o menos esta: La viralización de noticias (y quimeras) a través de las redes sociales está alterando el comportamiento humano. ¿Invierto o no en una criptomoneda?  ¿me quitará mi trabajo un robot? ¿me cambio de Isapre? ¿de banco? ¿voto por A o B? son preguntas cuyas respuestas, nos guste o no, sabemos pueden ser influenciadas por contagiosas y populares historias. Solo el estudio de dicho proceso viral, plantea Shiller, nos permitirá mejorar la forma en que anticipamos y nos preparamos para enfrentar eventos económicos y sociales. Y para eso, los marcos conceptuales de comportamiento no deben rendirse a los datos, sino, por el contario, evolucionar a partir de esta nueva, compleja y escurridiza forma de narrativa económica.

A pesar de más de medio siglo de diferencia, tanto Koopmans como Shiller van al corazón de la profesión. No importa si el economista está en la academia, empresa o política, hay que evitar la natural atracción de exprimir las cifras para entender y justificar las acciones de la gente. ¿Y si cae en esa tentación? El análisis económico se desvirtúa. Lo que es azul un lunes, puede ser rojo un martes y amarillo un miércoles. Total, las encuestas mandan. Claro, el debate puede ser entretenido para matinal, pero insípido y vacío al final. Cómo hacerse cargo de esa nueva realidad dará para muchos Nobeles más.