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Columnas

16 Julio 2019 | Arturo Cifuentes |

La importancia del olvido

¿DÓNDE dejé las llaves? ¿Cómo se llamaba el restaurante donde comimos esa pizza tan rica? Todos hemos pasado por estos exasperantes olvidos.

Pero la verdad es que el olvido, dejando de lado las frustraciones que provoca, es necesario para la supervivencia. O por lo menos para la estabilidad mental. ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos olvidar-consciente o inconscientemente-las ofensas (al menos algunas) que hemos recibido? ¿O las experiencias más traumáticas? Correríamos el riesgo de transformarnos en seres amargados o tal vez vengativos, aferrados al pasado. También es bueno olvidar los favores que hemos hecho, de lo contrario correríamos el riesgo de creernos unos santos, o vivir esperando reciprocidades.

Un caso extremo: una memoria impecable, como la de Funes, el memorioso de Borges, nos llevaría a la paralización total. Y nos privaría de esas pequeñas alegrías cuando redescubrimos algo que habíamos “olvidado” (e.g. una situación especial que en algún momento tuvo un significado importante). Una persona sana debe saber olvidar y recordar en forma más o menos selectiva.

El amor es tan corto y tan largo el olvido, decía Neruda. Hasta en el olvido te recuerdo, proclamaba Benedetti. A los poetas no les gusta el olvido. Lo encuentran triste. Pero la vida no solo es poesía, tiene aspectos más mecánicos. A veces hay que olvidar no más. Y seguir adelante.

¿A qué viene todo esto? Acabo de terminar El Tiempo de la Memoria, de Carlos Peña (un regalo muy acertado que recibí hace unos días), y me hizo pensar en el olvido y su función.

Lo concreto es que gracias a internet estamos llegando, como individuos y como sociedad, a una situación en que el olvido es cada vez más difícil. Eventualmente, todas nuestras acciones y pensamientos quedarán registrados en el ciberespacio y pasarán a ser patrimonio de la humanidad. Y en ese momento ya no podremos decir, no me acuerdo. Ya no habrá olvido, (y a lo mejor tampoco perdón).

¿Nos podrá pasar lo que le sucedió a Funes-que por tener tantos recuerdos (y datos irrelevantes) registrados en su memoria perdió la capacidad de abstracción y era incapaz de identificar relaciones lógicas en su big data?

En el futuro, decir no me acuerdo será un lujo, y será cada vez más difícil. Aprovechemos de olvidar ahora y no nos enojemos tanto la próxima vez que no encontremos las llaves.

Columna publicada en Pulso de La Tercera