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Columnas

La importancia de las instituciones para el Chile post COVID19

El valor de las instituciones en el progreso de los países – entendidas éstas de manera amplia como el conjunto de entidades y reglas, escritas y de facto, que regulan el funcionamiento de una sociedad – ha quedado claramente establecido y documentado en la literatura. Instituciones robustas y políticas de alta calidad permiten alcanzar un desarrollo alto y sostenido. Ejemplos donde la falta de estos elementos ha significado un estancamiento o retroceso económico abundan: países de pobre desempeño en África y otros continentes (incluso en nuestro vecindario) son frecuentemente contrastados con la experiencia de otros como Suiza, Dinamarca o Finlandia. Aunque Chile lidere el ranking dentro de América Latina – lugar 32 de 141 países en calidad de instituciones según el Foro Económico Mundial – no debemos caer en la autocomplacencia.

Después del coronavirus Chile será más pobre y estará más endeudado – se estima que la deuda pública sobrepasaría el 40% del PIB en los próximos años, mientras que en 2020 el producto caería alrededor de un 4,5%. Además, a menos que haya un cambio radical (y fortuito) en variables que no controlamos, seguiremos enfrentado una aguda crisis hídrica. Y todo esto en medio de un proceso de importantes cambios políticos – que incluye la eventual redacción de una nueva Constitución – iniciado post 18-O, aún inconcluso y que se retomará en año de elecciones.

En este contexto es crucial retornar post covid19 a una trayectoria que preserve la solvencia fiscal. Debido a los desajustes entre los ingresos y gastos del Estado ocurridos entre 2013 y 2018, y la violencia desatada a fines de 2019, acumulamos años alejados de dicha senda. Y empiezan a surgir propuestas para que el fisco emita deuda por hasta 5% del PIB. Con un mayor nivel de deuda y menores activos a causa de la crisis sanitaria, continuar esta tendencia puede significar un incremento del costo de financiamiento y exiguas tasas de crecimiento por un periodo prolongado de tiempo.

Asimismo, debe prevenirse que los intentos por mitigar el daño de la pandemia socaven la independencia del Banco Central, elemento que ha sido esencial para el desarrollo de Chile. Es por ende vital despejar rápidamente las dudas que podría levantar una eventual autorización al instituto emisor para comprar bonos del Tesoro en el mercado secundario, pues ello podría significar mayores tasas de inflación futuras.

En suma, si no aseguramos poner la casa en orden post pandemia podemos en unos años parecernos más a Argentina (que acaba de hacer default) que a Nueva Zelanda. Es clave que los cambios legales futuros no erosionen, sino por el contrario fortalezcan, la autonomía y capacidad de acción de instituciones como el Consejo Fiscal Autónomo y el Banco Central. Y que el poder legislativo se comprometa con la necesidad de robustecer nuestra institucionalidad económica, sin caer en demandas populistas con fines cortoplacistas, las que suelen multiplicarse en periodos de elecciones. Porque Chile no es Suiza y porque enfrentamos enormes desafíos, necesitamos actuar con responsabilidad.

Carlos Acuña
Investigador de CLAPES UC

Leonardo Hernández
Facultad de Economía y Administración UC – CLAPES UC

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