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Columnas

16 Diciembre 2019 | Karin Moore | Constitución

La Constitución: ni obstáculo, ni solución

El debate constitucional y la idea de rehacer nuestras instituciones desde cero, me retrotrajo a los días en que leía a Pierre Michon en su obra Vidas minúsculas. Cada uno de sus capítulos consolida nuestra conciencia sobre la necesidad de tener raíces, buscando en la genealogía la fórmula para entender la propia existencia y concluir que somos nuestra memoria. 

La Constitución contiene nuestro pacto social y, por tanto, recoge aquellos acuerdos, principios e instituciones fundamentales que constituyen la base de nuestra sociedad y son producto de la construcción histórica que nos une.

El fracaso colectivo que hemos vivido nos ha puesto frente al desafío de mirarnos en retrospectiva, dialogar y proyectar la sociedad que queremos. En este sentido, la discusión constitucional es un debate sobre las instituciones y, por tanto, no es razonable empezar desde cero. Es necesario incorporar en este proceso nuestra historia y la experiencia internacional, a partir de un diagnóstico certero sobre las causas y consecuencias de lo que ha sucedido en nuestro país, para poder contribuir responsablemente a los cambios.

Las constituciones deben recoger los anhelos de la sociedad, pero es indispensable entender que no son expresiones de políticas públicas, aunque sí las impulsan y guían, densificando los derechos sociales en ellas contenidos. Es necesario ajustar las expectativas para no inducir a errores, reconociendo que la Constitución no es ni el obstáculo, ni la solución para avanzar en una agenda social. 

Así como los países evolucionan, es deseable que las constituciones también lo hagan, procurando que estos cambios sean el resultado de acuerdos amplios que preserven aquellos principios y valores que conforman su “alma” -según señala Bruce Ackerman – y que se definen a partir de la cultura propia de la sociedad de la cual es reflejo el diseño constitucional, así como de la deliberación democrática dentro de la institucionalidad que contempla la propia Constitución.

Nuestro desafío es transitar por la senda de un proceso constituyente que salvaguarde aquello que ha funcionado exitosamente y que, rescatando nuestras mejores prácticas institucionales, comprendamos que, si bien las constituciones deben ser escritas por expertos, este pacto intergeneracional debe esforzarse por congregarnos a todos, fortaleciendo las confianzas y procurando que la incertidumbre asociada no termine hipotecando el desarrollo del país.