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Columnas

¿Fin a brechas por sexo? A creerse el cuento

La ausencia de nombres femeninos en la terna para componer el nuevo Directorio de TVN, demuestra la necesidad de sensibilizar a nuestra sociedad sobre la urgencia de incorporar mujeres en altos cargos y hacer de la diversidad un valor determinante en la composición de una organización. La brecha de género no es sólo un problema de paridad, tiene directa relación con retener talentos, permitir estilos de liderazgo diversos y visibilizar su efecto en los resultados de una organización.

En las últimas décadas se ha logrado avanzar muy lentamente en el camino que iguala oportunidades laborales entre hombres y mujeres en Chile. Si bien ya no hay diferencia significativa en niveles educacionales alcanzados por ambos, aún existe una amplia brecha en las tasas de participación laboral, salario y progreso laboral, situándonos en la posición 63 entre 144 países en el índice de igualdad de género del World Economic Forum. ¿A qué se debe esto?

Gran parte de la evidencia en las ciencias sociales atribuyen estas diferencias a prácticas discriminatorias en sociedades que no creen que mujeres puedan rendir tan bien como los hombres. A normas sociales basadas en estereotipos, en donde la mujer es la depositaria de la responsabilidad de la crianza de los hijos y no recibe ayuda, por lo tanto, el trabajo en el hogar puede ser tanto o más pesado que el trabajo remunerado. O bien, no estudian carreras relacionadas con tecnología, matemáticas y ciencia, ni buscan cargos de liderazgo por ser cosa de hombres. Los patrones de conducta, también pueden ser causas que explican estas diferencias. Conductas en las cuales las mujeres sistemáticamente subestimamos nuestras habilidades, no negociamos mejores salarios, nos limitamos y dejamos que nos limiten, y no buscamos tantas oportunidades de ascenso como los hombres.

Chile a través de políticas públicas ha buscado avanzar en estos temas. En términos legislativos se han promulgado leyes de no discriminación, de participación política, de permiso postnatal parental y la ley que resguarda el derecho a igualdad en remuneraciones. Pero no ha sido suficiente: el INE reportó en el 2017 que 4 de cada 10 mujeres está fuera del mercado laboral por razones familiares; solo el 48,5% de las mujeres participaron en el mercado laboral en contraste a un 71,2% de los hombres; solo un 45% de las mujeres está ocupada a diferencia de un 66,7% de los hombres. En el 2016 se reportó que las mujeres asalariadas obtuvieron un 10.7% menos ingreso por hora que los hombres. Informe de Mujeres en alta dirección (IMAD) 2017 muestra que a medida que se asciende en la empresa la disparidad de género es más grande, pasando por 30 puntos porcentuales de diferencia en la contratación total de trabajadores en favor de los hombres y hasta 82 puntos porcentuales en la participación en directorios a favor de los mismos. Finalmente, la Encuesta de Uso del Tiempo (Enut) 2015 muestra que las mujeres seguimos dedicando 3,21 horas más que los hombres al trabajo no remunerado. Indicadores muy precarios si se compara con los países desarrollados.

Estas cifras dan cuenta que se necesita seguir progresando en medidas como el permitir y facilitar que el Estado, universidades y empresas incorporen buenas prácticas, incentivando la participación femenina a través de la flexibilidad laboral, particularmente en etapa de crianza. También en promover la corresponsabilidad, en desarrollar programas al interior de las organizaciones que contribuyan a avanzar en la incorporación de las mujeres en sitiales de poder y permear a la organización con la convicción de que la diversidad (no solo de género), se traduzca en mayor productividad y mayor innovación.

Pero adicionalmente debemos tener un cambio de actitud. Para participar en el mercado laboral con igualdad de condiciones y tener la oportunidad de desarrollarnos tan alto como queramos, nosotras también tenemos que poner de nuestro lado. Es necesario que rompamos con los estereotipos y patrones de conducta que nos limiten. Tenemos que creernos el cuento.

Columna escrita junto a María Isabel Larenas, economista e investigadora asociada de Clapes UC, para el diario La Tercera.