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Columnas

30 Septiembre 2020 | Luis E. Gonzales | Sustentabilidad

ESG: Un debate que cumple 50 años

La publicación del artículo “The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits”, escrito por el profesor de economía y Premio Nobel Milton Friedman en The New York Times en septiembre de 1970, es la piedra fundacional del debate sobre el rol que puede cumplir una empresa en temas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG en inglés) actuando mediante sus inversiones. Actualmente, el debate académico y de “policy making” ha tomado la posta en la discusión, condimentando los argumentos con datos y teoría desarrollada en esta última mitad de siglo. Nuevos retos y preguntas se le imponen a estos criterios y formas, aún discrecionales de medición, que siguen en desarrollo.

En el debate académico, recientemente propiciado por la conferencia de Political Economy of Finance en en el Stigler Center de la Universidad de Chicago, parte de la discusión se centra en la mayor o menor ponderación que las compañías deben otorgar a los stakeholders – público de interés – de una compañía. Por el lado de los proponentes de un mayor rol de los stakeholders, Oliver Hart, premio nobel de economía, y Luigi Zingales, profesor de U. Chicago, explican que los accionistas se preocupan por algo más que el resultado final, por lo que es perfectamente coherente que los directorios de las empresas se centren en maximizar el bienestar general de los accionistas, no solo el valor de mercado de la empresa. Por ejemplo, supongamos que los accionistas de una empresa se preocupan por el calentamiento global. Es más barato y más fácil para la empresa reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero que para sus accionistas, a través de sus acciones privadas para reducir sus emisiones en una cantidad igual, por lo que la empresa debería ser la que lo haga.

En la otra vereda los profesores Tallarita y Bebchuck de Harvard explican que la adopción del “stakeholderism”, esto es, guiarse por el público de interés, bien podría imponer costos sustanciales a los accionistas, las partes interesadas y la sociedad en general. Como resultado los stakeholders aumentarían el aislamiento de los líderes corporativos de los accionistas, reduciendo su responsabilidad y perjudicando el desempeño económico, como muestran en su paper “The Illusory Promise of Stakeholder Governance”. El rol de las partes interesadas de una empresa, que sentó las bases para la legislación contra “la toma de control” adoptada en las décadas de 1980 y 1990 por la mayoría de los estados de EE. UU., ha ganado un apoyo sustancial en los últimos años entre académicos, profesionales, líderes empresariales y legisladores. El debate de larga data sobre el objeto social se encuentra ahora en una coyuntura crítica y la creciente aceptación del “stakeholderism” bien podría tener una influencia considerable en los próximos años en las empresas y la sociedad.

En el debate práctico, o de policy making, existe un consenso en la necesidad de avanzar en la consideración de los principios de responsabilidad ambiental, social y de gobierno de las empresas. Sin embargo, aún no existe un acuerdo sobre cómo gestionarlo. El reciente documento sobre Sustentabilidad y Resilencia en Finanzas, publicado por la OECD, enfatiza y es crítico en las formas adoptadas para incentivar la implementación de criterios ESG apoyando o restringiendo su uso en las compañías.

Las demandas que propician la adopción de estos criterios provienen de: i) los inversores, que buscan aprovechar la información no financiera para mejorar la toma de decisiones en posibles riesgos que afectan la rentabilidad en el largo plazo, ii) las expectativas sociales, que buscan incrementar el rol social de las empresas y además orientar el accionar empresarial para objetivos como la mejora ambiental, y iii) los sectores bancario y fiduciario, que buscan entender los conceptos y métricas de sustentabilidad para comprender los objetivos de los inversionistas, acreedores y prestadores. Ciertamente todo esto exacerbado ante a pandemia del COVID-19.

Si bien la medición y puntuación de indicadores ESG cubre una porción significativa de las compañías en el mercado (cerca de 25% en Estados Unidos, 10% en la Unión Europea y como un 7% en Japón, según el informe de la OECD), existe una fuerte crítica a los instrumentos desarrollados para medir el grado de apropiación de los criterios ESG. Comparando los resultados en 2019 de las agencias Bloomberg-MSCI, MSCI-Refintiv y Bloomberg-Refintiv para empresas en S&P 500, observamos que la correlación entre estos indicadores para una misma empresa es de apenas 0.4. Esto explica la inconsistencia en metodologías, métricas, ponderaciones y una porción significativa de subjetividad.

Finalmente, tanto en el plano académico como en la práctica hay fuertes argumentos para avanzar con precaución en la inclusión de estos requerimientos en cualquier escenario, ya sea internacional, nacional o subnacional, más aún si pensamos en los siguientes 50 años. Los desafíos giran en torno a las siguientes preguntas: ¿cómo balancear entre los intereses de los accionistas de una empresa y su público de interés “stakeholders”? ¿cómo crear un sistema estandarizado (ej. cuentas nacionales) para eliminar las ambigüedades y los incentivos de aparentar ser “verde” o “social”, cuando no es el caso? y ¿cómo alinear las expectativas de la sociedad con el sector financiero y la regulación, en incentivos para la economía política?

Luis E. Gonzales Carrasco
Coordinador Económico en Cambio Climático, Energía y Medio Ambiente Clapes UC

Fuente: Emol. Visualizar Columna en Fuente