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Columnas

19 Noviembre 2020 | Arturo Cifuentes | Otros

El Nuevo Nobel de Economía

El premio Nobel de economía fue otorgado el mes pasado a dos profesores de Stanford, Paul Milgrom y Robert Wilson, por sus trabajos relacionados con el funcionamiento de las subastas públicas.  Fue un paso decisivo en la dirección correcta.  Para entender la importancia de esta decisión es preciso remontarse al año 2013, cuando Peter Higgs recibió el premio Nobel de física.

En 1969 Higgs propuso un mecanismo para explicar una propiedad de las partículas subatómicas.  Pero el premio Nobel solo lo vino a recibir en 2013.  ¿A qué se debió este atraso?  A que simplemente tomó más de veinte años verificar la validez de su afirmación.  Esto ocurrió el año 2012 cuando el acelerador de partículas conocido como LHC demostró la existencia del llamado bosón de Higgs.  En síntesis, para recibir el premio Nobel de física no basta con proponer ecuaciones o modelos estéticamente atractivos.  Es necesario algo más: que sean verificados empíricamente.  En simple, que funcionen en la práctica, o sea, en el mundo real.

¿Cuántos premios Nobel de economía han sido capaces de sobrevivir la evidencia empírica?  Una suerte de test de la blancura científico.

La verdad es que no todos.  Un ejemplo incómodo: el “teorema” de Modigliani-Miller: en un mercado sin impuestos, donde no existe la bancarrota, y donde todo el mundo tiene acceso a crédito con la misma tasa de interés, da lo mismo la estructura de capital que una firma tenga.  ¿Cuál es la relevancia práctica de esta afirmación absurda?  ¿Qué pensaríamos de un ingeniero estructural que proclamara que en un lugar sin terremotos, sin viento, y sin gravedad el tamaño de las vigas y columnas de un edificio es irrelevante?  Y que acto seguido lo proclamara como el “Teorema Fundamental de la Construcción.”

Volviendo a Milgrom y Wilson.  Su premio representa un avance importante en cuanto al estándar que debe satisfacer un premio Nobel.  Primero, propusieron un marco teórico para estudiar la dinámica de distintos tipos de subastas públicas, introduciendo dos conceptos claves: valores comunes y valores privados.  Y segundo, aplicaron estas ideas para diseñar la estructura de una serie de subastas públicas que han funcionado muy bien en la práctica.  Es decir, pasaron el test empírico.  Por ejemplo, el mecanismo conocido como SMRA (Simultaneous Multiple Rounds Auction) ha sido ampliamente adoptado por muchos países desde el año 1994 para otorgar licencias de uso del espectro radioeléctrico.  Felicitaciones a Milgrom y Wilson: dos ingenieros de la economía.

Fuente: Diario El Mercurio, 19 de noviembre 2020.