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Columnas

20 Abril 2020 | Sergio Urzúa | Educación

Distanciamiento físico, cercanía emocional

Nuestras vidas han sido alteradas inesperadamente. La crisis mundial que está generando el coronavirus no tiene precedentes. Millones de infectados y más de 150 mil fallecidos en el planeta. Ante la ausencia de tratamiento o vacuna, las naciones han respondido con la única solución disponible: el distanciamiento social.

En el ámbito de la educación, el impacto es monumental. Colegios, escuelas y liceos cerrados por semanas y muy probablemente meses. ¿Está Chile preparado para educar bajo esta realidad? ¿Ofrece la situación una oportunidad? En lo inmediato, la cuarentena educacional representa un importante cambio para los hogares nacionales. Desde los cuidados infantiles hasta la formación de jóvenes, los esfuerzos quedan supeditados a la capacidad del grupo familiar.

En lo netamente escolar, las apuestas para salvar la situación están enfocadas en la tecnología. Internet ofrece la oportunidad de conectar al estudiante con el profesor, La solución parece factible, pero el desafío no es menor. En primer lugar, la evidencia internacional es ambigua en cuanto a la efectividad de la educación virtual.

Experimentos en contextos controlados han mostrado resultados posi vos acotados. Sin embargo, en general, la formación a través de internet no ha logrado posicionarse como un sustituto efectivo en ningún nivel educacional. Y es que la restricción esencial es obvia: El acceso a una página web. No reemplaza la labor del maestro presencial.

A lo anterior se suma que conectar al profesor con sus estudiantes virtualmente es fácil en teoría, pero difícil en la práctica. Se requieren conexiones de calidad que no sufran interrupciones. Ante esto, dos dificultades: en Chile no todos los hogares tienen acceso a un computador para estudiar (de acuerdo a Casen 2017, por ejemplo, 42% no tiene uno en uso) ni todos cuentan con intemet (de acuerdo con la cerca del 10% no tiene conexión). Aquí una fuente de inequidades en el acceso a la educación que hay que atender.

Pero incluso asegurados el equipo y el acceso al material educativo en línea, los retos dentro del hogar no desaparecen. Ya sea en el living-comedor o dormitorio, la constitución de un lugar físico donde el o los estudiantes en el núcleo familiar desarrollen el equivalente a la jornada educacional significará un cambio mayor en el funcionamiento de miles de viviendas.

Es fácil imaginar cómo en espacios compartidos y reducidos la capacidad de concentración se pondrá a prueba. Esto puede ser otra fuente de disparidades socioeconómicas en los avances formativos. Así que cuidado, si en el sistema educacional chileno precovid el capital social de las familias ya jugaba un rol importante como determinante del desempeño, un prolongado período de formación en la casa puede amplificar tal realidad: Progenitores más preparados académicamente, quizás con la posibilidad de teletrabajar, podrán apoyar de manera directa el proceso formativo de sus chiquillos.

Pero sin la posibilidad de estar presentes o sin los conocimientos necesarios para apoyar, ¿cómo podrán madres y padres asegurar que Sus menores no se quedarán atrás? Aquí el Estado tiene un rol central. Debe impulsar acciones organizadas, decididas y focalizadas para compensar esta nueva expresión de las disparidades en capital humano de nuestra sociedad. Por supuesto, colaboraciones público-privadas pueden ser vigas estructurales de esta estrategia estatal.

En el corto y mediano plazo, el día a día no será igual. Colegios cerrados, cuarentena, enfermedad, salud mental…la disrupción continuará. En estas circunstancias, e independiente del nivel socioeconómico o la estructura del hogar, el esfuerzo por mantener familias y comunidades educativas unidas es esencial. Aquí la oportunidad. ¿Motivación formativa central? ¿Matemática, Lenguaje? Algo más fundamental, una olvidada lección que hay reinstalar en padres y estudiantes: Que frente a la adversidad, el ser humano debe el apoyo emocional del núcleo Sí, un virus parece decidido a cambiarnos, pero no descartemos que una efectiva defensa puede nacer de un intrínseco sentido de unidad.

Sergio Urzúa
Investigador Asociado, CLAPES UC