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Columnas

Banda 3,5 GHz: al rescate

Madrugada, 15 de Abril 1912: CQD (“Come Quickly. Distress”). El Titanic envía este mensaje radial de socorro. Varios barcos están cerca pero no logran escuchar bien el mensaje: ¡Hay interferencia en la señal!

El espectro de radiofrecuencias es un arcoíris no de colores sino de frecuencias. Distintas bandas de frecuencias se utilizan para transmitir distintos tipos de señal (radio, TV, wifi, otras). Si demasiados usuarios concentran sus señales en una misma banda se producen interferencias, mermando la calidad de la transmisión. Este problema selló la suerte del Titanic.

Las interferencias en la transmisión de señales de radiofrecuencia, cuando éstas no eran reguladas, junto al interés de los gobiernos por mantener control sobre el desarrollo de las comunicaciones, derivaron en que las bandas del espectro sean hoy otorgadas por un regulador sectorial (Subtel en Chile) que define sus usos y asigna las correspondientes concesiones. En Chile éstas no son transferibles ni divisibles.

Recientemente se ha informado que varios países estarían optando por la banda 3,5 GHz para introducir servicios que usan la nueva tecnología 5G. Esta banda ha sido asignada en Chile para proveer otros servicios, usando concesiones que se otorgaron cuando no se percibían las ventajas de la 5G. Asociado a esta nueva información, en junio pasado la Subtel congeló concesiones y otros permisos de uso para dicha banda y estableció la migración obligatoria de los servicios allí prestados hacia otras bandas, definidas por Subtel, dañando la certeza jurídica de las concesiones en esta industria. Los afectados alegan que esto vulnera derechos de propiedad sobre concesiones y permisos ya otorgados por concurso público. Ello porque se les terminó expropiando, sin compensación alguna, y porque ellos tienen incentivos para desarrollar la tecnología 5G cuando esté disponible.

¿Cómo resolver este entuerto en el futuro? El principio básico debe ser que el regulador emule la solución que habría prevalecido en un mercado competitivo. En el caso de la banda 3,5, el regulador ha establecido una migración obligatoria, sin compensación alguna, hacia otras bandas del espectro. Los concesionarios afectados ya han realizado inversiones, algunas con valor de uso muy específico, para proveer servicios usando esas frecuencias. La migración obligada les acarreará pérdidas. Este conflicto podría haberse minimizado. ¿Cómo? Permitiendo que el espectro asignado, dentro de una banda, sea divisible y transferible entre usuarios con distintos objetivos de uso. Quien estime que su uso, para una banda dada, promete mayor valor que otros alternativos, podría entonces adquirir derechos sobre el espectro en esa banda y compensar a su dueño por el valor que obtendría con su uso actual. Para emular a un mercado eficiente se requiere introducir transferibilidad y divisibilidad del espectro asignado, con flexibilidad de uso. Varios países ya han iniciado esta transformación (Inglaterra, Australia y otros).

Así como la tragedia del Titanic gatilló cambios regulatorios, el actual conflicto por el congelamiento de las concesiones en la banda 3,5 GHz ofrece la oportunidad para rescatar al mercado como asignador de recursos. Ojalá que este rescate sea más oportuno que con el Titanic.

Esta columna fue escrita junto a Roberto Muñoz (UTFSM).

Columna publicada en La Tercera/Pulso.