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Columnas

El valor de nuestra infraestructura

Parte de nuestra infraestructura pública, presente en cada lugar e instante del diario vivir ha sido dañada este último tiempo, pero más allá de ello, son las personas y su calidad de vida quienes han experimentado un enorme y negativo impacto.

De acuerdo con un análisis de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) el costo de reponer el stock de capital que fue devastado producto de la violencia y actos destructivos, asociada a los eventos ocurridos durante el estallido social, ascendía a US$4.579 millones, donde alrededor del 51% corresponde a reconstrucción de infraestructura pública y el resto a edificación no habitacional.

El comité de expertos del PIB tendencial por su lado, redujo el crecimiento proyectado de largo plazo de 3,0% a 2,8%, en parte producto de la mayor aversión al riesgo de inversión y extranjeros producto de la incertidumbre y del deterioro de la confianza empresarial. Es obvio, la destrucción trae consecuencias. Un primer punto sería que genera un gasto público destinado a reconstrucción, que podría haber sido destinado a fines sociales, educativos, culturales, de salud, nuevas obras públicas, entre otros. Otro punto sería la reducción del potencial de crecimiento y desarrollo del país, que finalmente se traduce en mejor estándar de vida de las personas. Por supuesto, hay muchas otras consecuencias.

Si bien el clamor social ha comenzado atener frutos con los acuerdos logrados (por ejemplo, en el área de pensiones, reducción de dieta parlamentaria y el llamado a nueva Constitución), ha experimentado un retroceso en otras áreas, y con esto me refiero alas consecuencias del vandalismo y destrucción ocasionado por grupos minoritarios. Una situación ejemplificadora del retroceso es el significativo aumento en el tiempo de viaje y la reducción del nivel de servicio durante los traslados. Los trabajadores llegan más cansados a sus casas y al trabajo, reducen su tiempo de calidad con sus familias, han visto reducidos los espacios seguros de distracción y esparcimiento, incluso los lugares de abastecimiento. Es imposible que esto sea una mejora. Para poder avanzar hacia un Chile mejor, menos desigual y con paz social necesitamos detenerla violencia y la destrucción. Esperemos que se comiencen a implementar las medidas propuestas y las que vendrán, para así avanzar en confianzas y con ello, que la economía pueda recuperarse prontamente en beneficio de la ciudadanía.