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Columnas

Isapres y GES en la compra de medicamentos

La crisis actual denota un descontento amplio de la población con distintos aspectos de nuestra sociedad. El precio de las medicinas es tema recurrente. Para reducir el precio de retail de los medicamentos en Chile, pre-crisis el ministro Mañalich había planteado –entre otras iniciativas– que las coberturas GES debieran ser aprovechadas de mejor forma por los afiliados a isapres. El GES cubre 80% del costo de medicinas incluidas en las canastas definidas para el tratamiento hospitalario y ambulatorio de 85 patologías. Pero sólo 20% de los afiliados a isapres que pueden usar las coberturas GES, han activado su uso. Mientras, las isapres deciden cada 3 años la prima GES obligatoria que deben pagar todos sus afiliados, independiente de si sufren (o no) una patología GES y si usan (o no) sus coberturas. El 2018 las isapres abiertas recaudaron $488 mil millones vía cobro de la prima GES, pero sólo gastaron 45% de este valor. El resto fue utilidad operacional directa.

La premisa del ministro Mañalich es que mientras más afiliados a las isapres usen sus garantías GES, las isapres tendrán incentivos más fuertes para utilizar de forma más agresiva su poder (agregador) de compra de medicinas y así negociar convenios con farmacias que impliquen menores precios al consumidor. Pero un problema con esta conjetura es que la baja tasa de uso del sistema GES implica dinero fácil y seguro para las isapres. Bajo la regulación actual las isapres no tienen incentivos para promover, por sí solas, un mayor uso de estas garantías entre sus afiliados. Esto seguirá así en tanto los afiliados con patologías GES continúen cautivos en sus actuales isapres y los afiliados con mayor movilidad entre isapres sean los jóvenes y sanos, miopes ante el futuro más distante (como la canción, Forever Young).

No extraña entonces que, habiendo transcurrido casi 15 años desde el inicio del AUGE/GES, sólo una de las isapres abiertas haya implementado, recién este año, una oficina de atención especializada. Además, los actuales procedimientos para activar el GES son lentos y tortuosos, incluso con errores de información por parte del personal de la isapre. Este laberinto de burocracia recuerda el similar suplicio (¿diseñado a propósito?) que usualmente debemos soportar al llamar a un call center para lograr mejoras en la calidad en servicios públicos provistos por empresas concesionarias (e.g. mayor velocidad de acceso a banda ancha).

¿Cómo se podría avanzar en el uso del sistema GES? Hagamos un poco de ciencia ficción. Imagine un futuro en donde todos los procedimientos para validar el uso del GES se realizan online o en centros de atención GES, especializados y eficientes, provistos por las isapres. Así se puede validar la receta del médico consultado, quien ya está inscrito y certificado ante el sistema. Y así también el paciente accede a información clara sobre medicamentos bioequivalentes que son alternativas GES válidas frente al medicamento original recetado.

¿Invertirá voluntariamente el mercado para hacer realidad este futuro? Bajo las reglas actuales es probable que no. Si el ministro quiere ver hecha realidad su conjetura, tendrá que dar un “empujoncito” a las isapres. Por ejemplo, regulando estándares mínimos de atención para usuarios del GES en el sistema de isapres. Esta decisión, entre varias otras que deberán llegar, ayudaría a aplacar el actual descontento social.