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Columnas

Frustración y Clase Media

¿Cuál cree usted es la probabilidad que tiene en Chile una persona de clase media de llegar a tener una buena situación económica? En medio de la crisis de 2009, la Encuesta Bicentenario (EB) de la PUC hizo la pregunta. El desempleo subía la actividad se hundía lo mismo que los ingresos de los hogares (el PIB caería un 16%). A pesar de todo, un 49% respondió “muy o bastante alta”. Había empuje, confianza y alma.

Ser clase medía no es solo un tema de ingresos. Históricamente, las fronteras del grupo han sido definidas por la creencia colectiva en un desarrollo fundado en la libertad, esfuerzo y mérito. Algunos cuestionan la idea, pero tres décadas de progreso parecen haberla validado: 6 de cada 10 chilenos se autodefinen en el centro del espectro socioeconómico (EB, 2019). De hecho, cuesta encontrar gente, incluso adinerada, que no se sienta de clase media. Es la marca de orgullo nacional.

Por eso preocupa la frustración que parece acarrear parte de dicha mayoría. Si la primera generación de clase media nacional, esa que trepó en los 90s, entendió que el magro desempeño económico de 2014-18 tuvo algo que ver con lo de octubre pasado, el posterior descrédito y nula defensa de su capital cultural y logros por parte de la élite la tiró de espaldas. El abandono fue total. A la sorpresa, además, contribuyó una generación joven que validó la violencia y destrucción. Así, los grupos Medios más adultos aún deben estar dando con la patente del camión que les pasó encima. Inmensa fuente de incertidumbre y frustración.

¿Y la pandemia? Un nuevo trauma a ese orgullo nacional. El desempleo ya está en 11%, la actividad se ha desplomado (-15%) y el PIB caerá cerca de 7% este año (FMI). Los mayores saben de tsunamis (recuerdan los 80s) y ojalá hayan avisado a la amplia y novata clase media de segunda generación de lo que se avecina. El golpe será fuerte. Sus ingresos no se recuperarán en años y para los más jóvenes en el grupo la entrada, quizás obligada, a las gélidas aguas de un mercado laboral en crisis los entumecerá. Asumir que serán más pobres no será fácil. Y si agregamos que en el futuro cercano estarán obligados a pagar más impuestos para cuadrar el desequilibrio fiscal, la frustración se extenderá y amplificará.

Justo antes de octubre la Encuesta Bicentenario 2019 volvió a preguntar por las posibilidades que tiene una persona de clase media de llegar a tener una buena situación económica en Chile. Esta vez solo un 24% respondió “muy o bastante altas”, ¡la mitad de una década atrás! Si esa era la percepción nacional antes de las crisis, ni imaginarse lo sombría que será en unos meses más. Y aunque suene raro, hay aquí una oportunidad. Las lucas no definen a la clase media, sino su identidad de progreso. Chile requiere un proyecto país que termine con su abandono, un liderazgo que canalice sus frustraciones y le devuelva confianza. Ahí puede estar la luz al final del túnel, la clave para reencontrar el alma nacional.

Sergio Urzúa
Investigador de CLAPES UC

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