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Columnas

20 Septiembre 2019 | Karin Moore | Política

Fiestas Patrias

Las Fiestas Patrias son un buen momento para traer al presente el pasado y el futuro. Levantar la mirada y buscar sustento en nuestra identidad nacional para fortalecer nuestra institucionalidad y convivencia cívica. La memoria es el órgano del tiempo y al igual que el dios Jano de los romanos, tiene dos caras que nos permiten rememorar y proyectarnos.

Mi abuelo se quitaba su boina en señal de respeto cuando el Presidente de la República pasaba ante él, pese a no ser su partidario.En mi época escolar cada lunes debíamos conmemorar las efemérides cantando el himno nacional e izando la bandera, pues, aunque no lo comprendíamos entonces, los símbolos y ritos son necesarios; más tarde, en la Escuela de Derecho, escuché a mis profesores repetir con orgullo que Chile era un país con un sólido Estado de derecho dónde las instituciones funcionan y otorgan certeza jurídica.

Nuestra sociedad está cambiando vertiginosamente y parecemos no comprenderlo. La opinión pública se muestra escéptica respecto de las Instituciones, estamos cada vez más lejos del respeto mutuo y más carentes de sentido ciudadano. Vivimos una crisis de gobernanza que nos obliga a reaccionar.

Episodios como los del Instituto Nacional, los casos de corrupción, la falta de consistencia y coherencia en organizaciones que eran pilares de nuestra sociedad, así como la poca rigurosidad técnica y la pequeñez en la discusión política, han profundizado la desconfianza y ponen en riesgo la cohesión que necesitamos para avanzar. El Estado, las empresas y la sociedad civil deben buscar soluciones, pues está en juego el progreso económico y social de Chile.

Recuperar la confianza de los ciudadanos es fundamental para retomar una senda de crecimiento inclusivo, cimentado sobre instituciones confiables, transparentes, sostenibles e innovadoras, que actúen con convicción al generar espacios para una mayor diversidad, inclusión y sentido social.

Debemos conectarnos con las legítimas preocupaciones de la gente y promover una cultura de integridad en todos los niveles, particularmente frente al impacto del exponencial avance de la tecnología y el cambio climático. Estos retos ineludibles nos obligan a poner la inteligencia, la voluntad y la memoria a disposición de un proyecto colaborativo, centrado en las personas. Hacer las cosas bien es una responsabilidad que debemos abordar desde la humildad y la consistencia.