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Columnas

20 Julio 2020 | Luis E. Gonzales | Otros

“Factfulness” en tiempos de pandemia

Hans Rosling es para mí un quijote, que se enfrenta a la ignorancia que nos gobierna como sociedad con un escudo y una lanza compuestos de la nobleza de los datos. En su libro “Factfulness” que, según mi interpretación, significa el hábito de apegarse a los hechos, datos y teoría para tomar decisiones, explica a través de sus propias vivencias las formas en las que nuestros instintos interfieren con la toma de decisiones informadas.

En estos tiempos de pandemia, a más de 100 días de cuarentenas y distanciamiento social en diversas partes del mundo, la incertidumbre hace presa de las opiniones y las decisiones de los agentes económicos, gobernantes y gobernados. Por ello, me gustaría repasar las razones y la importancia de los datos en medio de la crisis para enfrentarla y gestionarla.

El primer instinto natural que tenemos en ocasiones de crisis es el miedo. Esta condición no es mala, ya que en muchos casos nos conduce a la prevención. Sin embargo, uno de los problemas de tomar decisiones en este estado es la poca claridad en la observación de los hechos. Una explicación de este sentimiento se encuentra en la predisposición a consumir servicios o bienes para evitar contagios, Por ejemplo, ¿se han puesto a pensar cuando se animarán a ir a una sala de cine? O ¿cuándo estarán dispuestos a comer en un restaurant?

El segundo instinto natural y que me motiva a pensar la gestión de la pandemia en estos tiempos es el de tener una perspectiva única. Este instinto se hace presente debido a la competencia que uno desarrolla naturalmente con la especialización. Sin embargo, es necesario y eficiente la complementariedad. ¡Si somos buenos con el martillo, seguramente quisiéramos usarlo para todo! Empero, ya es sabido que para aliviar el dolor de cabeza un martillo no es el mejor aliado. En este sentido es llamativo el rol que economistas y epidemiólogos han tomado en la gestión de la enfermedad, ambos con habilidades avanzadas en estadística, pero con perspectivas distintas. Unos preocupados por las características biológicas del virus y su esparcimiento, mientras que los otros preocupados por los costos, capacidad de respuesta y sustento de la población y empresas en medio de la epidemia. Lo cierto es que la complementariedad de ambas perspectivas sería la más productiva. De ahí que los planes de estímulo fiscal son inertes si no existe un control de la evolución de la pandemia.

Finalmente, el instinto de urgencia, que muchas veces es un término sobreutilizado y por tanto omitido. En este sentido el test ácido para ver la urgencia esté compuesto de los siguientes pasos: 1) analizar si el fenómeno es atípico o no, por ejemplo, la fuerza del COVID no ha sido vista en al menos 100 años; 2) de ser atípico, insistir en los datos y por eso el clamor por tener en tiempo real las tasas de positividad, contagios y muertes; y 3) estar atento a evitar acciones drásticas; por más buenos datos que obtengamos, ciertamente los pasos deben ser realizados cuidadosamente; salir de una cuarentena abruptamente parece no ser la mejor opción, como muestra el caso de Estados Unidos.

Mediante la aplicación del concepto “factfulness” y la observación de la teoría y datos, el autor concuerda que además de una pandemia, cuya predicción fue realizada ya en 2017, también los otros eventos catastróficos en el horizonte son la extrema pobreza, el cambio climático y el conflicto de una tercera guerra mundial. A modo de conclusión a nivel mundial la experiencia de los países nos muestra que el apego a datos y al uso del monitoreo constante reduce el nivel de incertidumbre y mejora los resultados en general. También es cierto que, en este proceso de aprendizaje, como diría Mark Twain, “la educación es el camino de la ignorancia arrogante a la incertidumbre miserable”.

Luis E. Gonzales Carrasco
Coordinador Económico en Cambio Climático, Energía y Medio Ambiente Clapes UC

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