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Columnas

El zapato chino

La bolsa china (tanto el índice de Shangai así como el Shenzhen) ha caído más de 30% desde la mitad de junio, lo que representa la mayor caída de estas bolsas en más de dos décadas. Ahora, para poderlo en perspectiva, esta fuerte caída fue antecedida por un aumento aún mayor del precio de las acciones (de casi 100%) desde comienzo de este año. Por lo tanto, más que hablar de una caída del precio de los acciones, deberíamos pensar en una corrección del valor de las acciones que así y todo mantienen una importante ganancia comparado con su valor a comienzos de este año.

¿Por qué ocurrió?

Primero que nada, hay que preguntarnos por qué subieron tanto desde comienzo de este año los valores de las acciones. Las acciones que más han subido corresponden a las acciones tipo A de la bolsa de Shangai, a las que en general no pueden acceder inversionistas extranjeros y por lo tanto corresponden a inversionistas nacionales. Y este es un detalle no menor, porque las alternativas de ahorro para los locales no son buenas. El sistema bancario formal ofrece retornos negativos (baja tasa para los depósitos incluso por debajo de la inflación), mientras que el sector inmobiliario no muestra buenos índices de rentabilidad en parte porque se tomaron medidas para evitar una posible burbuja inmobiliaria. De ahí que la única verdadera alternativa de ahorro para los inversionistas chinos era el mercado accionario. Si a eso se le suma tres factores: (1) que en 2013 y 2014 el mercado accionario no había rentado mucho y por lo tanto era percibido como barato, (2) que se estaba entregando estímulos monetarios por medio de aumentar la cantidad de dinero debido a que la economía china se estaba desacelerando y (3) que se esperaba la implementación de reformas en la economía que deberían impulsar el crecimiento de mediano plazo y por lo tanto aumentar el valor de las empresas, nos encontramos frente a un coctel de razones que llevó a que muchos inversionistas aumentara su apetito por acciones y el precio de éstas hasta mitad de junio pasado.

En ese contexto -y al aparecer dudas acerca del dinamismo de la economía china- se produjo la caída en los precios de las acciones de las últimas semanas. A pesar de esta caída, en los últimos doce meses, se mantiene un aumento del precio de las acciones superior al 70% y una ganancia positiva de casi 10% en lo que va del año.

¿Qué ha estado ocurriendo últimamente?

Las autoridades económicas chinas han estado muy activas tratando de detener la caída de las acciones implementando muchas decisiones, algunas de ellas bastante poco convencionales. Por ejemplo ha inyectado mayor liquidez (dinero) a la economía china; ha permitido mayor compra de acciones para inversionistas; ha impulsando la compra de acciones directamente desde el gobierno y está restringiendo la venta de ellas durante los próximos seis meses. Lamentablemente varias de estas decisiones van en contra de la idea de impulsar el crecimiento de largo plazo vía liberalizar el mercado financiero. Así las medidas de corto plazo van en sentido contrario a medidas anteriormente prometidas que buscaban atraer capitales e incentivar inversión, principalmente de inversionistas extranjeros.

¿Qué ocurrirá más adelante?

Uno de los mayores riesgos de estas caídas en los precios de acciones es que se traspasen con posterioridad al resto del mercado financiero. Sin embargo, esto por el momento parece algo lejano debido a que se estima que la exposición total del sistema bancario chino al mercado accionario está bajo el 2% de los activos bancarios. Además al parecer los inversionistas institucionales no han estado usando deuda de forma muy significativa para especular en la bolsa y de hecho, estimaciones de algunas consultoras del sector privado indican que las empresas más expuestas representarían sólo el 5% de los activos del sistema financiero. Por lo tanto, si bien el riesgo en el mercado financiero parece acotado queda aún por ver cuál será el impacto macro en el resto de la economía china. La corrección en el precio de las acciones puede racionalizarse como menor riqueza de las familias, que a su vez podría impactar negativamente el consumo. Sin embargo, hay razones que acotan este escenario: (1) las acciones aún mantienen precios por arriba del nivel del 2014, (2) la tasa de ahorro en china es muy alta (o análogamente la tasa de consumo es baja), lo que limita el impacto sobre consumo y (3) las acciones representarían menos del 15% de la riqueza financiera de los hogares. Si a esto le sumamos que seguramente el gobierno Chino seguirá impulsando la economía vía gasto público o vía política monetaria, es posible que exista algún impacto macro pero más bien acotado.

¿Por qué nos preocupa?

Lo que ocurre en China nos afecta directamente -y seguramente para nosotros puede ser más importante incluso que lo que está ocurriendo en Grecia. Nuestras exportaciones a China son cerca del 25% de nuestras exportaciones totales –mientras que a toda la Unión Europea fueron 14.5% y a Grecia sólo cerca del 0.3%-. Además, China concentra cerca del 50% del consumo mundial de cobre -nuestro principal producto de exportación- muy por arriba del segundo consumidor de cobre que es Estados Unidos con sólo el 8%. De ahí que si China “se resfría” en Chile, sin duda, estornudaremos; lo sentiremos directamente debido a sus impactos directos sobre el precio del cobre. Por cada centavo de menor precio del metal usualmente el Fisco recauda 50 millones de dólares menos, mientras que perdemos cerca de 120 millones de dólares por el lado de nuestras exportaciones. Entonces, sigamos con atención a este “zapato” chino.

Publicada en Diario La Tercera, Negocios, domingo 12 de julio de 2015