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Columnas

18 Julio 2020 | Felipe Larrain | Otros

El futuro del BID

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) enfrenta una nueva etapa, marcada por la recuperación de la pandemia y por la elección de un nuevo presidente. En una controvertida decisión, Estados Unidos ha presentado por primera vez un candidato, pasando a llevar una tradición de más de 60 años. Si no hay novedades, la elección debería ser en septiembre próximo.

Durante seis décadas el BID ha contribuido a impulsar el desarrollo en América Latina y el Caribe. Su amplia cartera de iniciativas —solo en 2019 generó un flujo de préstamos por sobre los US$ 12.900 millones—, sumada a las acciones de BID-Invest (brazo de operaciones con el sector privado) y BID-Lab (laboratorio de innovación), han buscado continuamente aumentar los niveles de vida de la población e incrementar la productividad de las empresas y la eficiencia de los Estados.

Bajo la administración de Luis Alberto Moreno (2005-2020), las acciones del BID han estado orientadas a implementar prioridades estratégicas en tres grandes áreas: desafíos (inclusión social e igualdad, productividad e innovación, integración económica), cuestiones fundamentales (igualdad de género y diversidad, cambio climático y sustentabilidad medioambiental, capacidad institucional y el Estado de Derecho) y principios estructurales (multisectorialismo, efectividad y eficiencia, conocimiento e innovación, visión estratégica). Todos estos son temas centrales para una región que hasta hace poco enfrentaba las consecuencias del fin del superciclo de los commodities y el impacto de la cuarta revolución industrial, pero que ahora sufre una problemática aún mucho mayor: contener el impacto económico-social de la pandemia.

Esto obligará al BID, y a quien lo lidere en los siguientes años, a actuar en función de un profundo conocimiento de la realidad de cada uno de los países de la región. Así, por ejemplo, toda comparación con el mundo desarrollado debe ser realizada con extremo cuidado. Esto pues si la distancia respecto de las naciones ricas antes de la crisis sanitaria y económica era grande, una mayor pobreza la aumentará. Del mismo modo, la batalla contra la desigualdad deberá ser planificada en forma precisa, con medidas contundentes para evitar ampliar las brechas que han golpeado históricamente a la región. Contribuir a evitar los efectos de lo que se anticipa será un período de retroceso y menor crecimiento global será necesariamente parte de la agenda multilateral.

Por lo anterior, el BID deberá implementar una agenda social enfocada en reducir las negativas consecuencias sanitarias, económicas y sociales del covid-19. Al mismo tiempo, planear el diseño y financiamiento de los programas de recuperación económica de la región, con el acento en proteger los ingresos de las personas, fomentar la creación de empleos, potenciar la actividad económica (especialmente a las pymes), dar incentivos para la inversión privada y contribuir a financiar la inversión pública. Por supuesto, la férrea defensa de la democracia y la apuesta por el capital humano como motor de desarrollo deben ser también partes esenciales de esta agenda. La región no solo requerirá de un importante apoyo del Estado, sino además de la capacidad, esfuerzo y libertad de toda su población.

A lo anterior será necesario sumar los esfuerzos para eliminar brechas por diversidad y género, siempre velando por un desarrollo sustentable, promoviendo las alianzas público-privadas y el respeto del Estado de Derecho. Tal combinación debe seguir siendo pilar estructural del trabajo del BID. Y el conocimiento de la historia de América Latina y el Caribe también obliga a anticipar el inmenso desafío para las finanzas públicas que han significado las agresivas y necesarias medidas de expansión del gasto público.

La nueva realidad obligará al BID a acelerar, ampliar y flexibilizar algunas de sus asistencias financieras y procedimientos internos. Esto además tendrá que considerar las implicancias financieras de la crisis sobre la misma institución y los desafíos que la cuarta revolución industrial le significan. La multilateral debe contribuir con una potente agenda basada en la realidad de la región. Es el trabajo que deberá llevar a cabo quienquiera sea el o la nueva líder de la institución.

Felipe Larraín
Profesor titular PUC, Miembro del Comité Ejecutivo de CLAPES UC y Exministro de Hacienda

Fuente Diario El Mercurio, 18 de julio 2020 Visualizar Columna en Fuente