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Columnas

15 Julio 2020 | Arturo Cifuentes | Otros

Aún nos quedan los ojos

Jeremiah Denton no es muy conocido en Chile. Se le podría considerar el campeón mundial de la comunicación con los ojos. La pandemia me trajo su nombre repentinamente a mi memoria.

Denton fue capturado durante la guerra del Vietnam y forzado a grabar un mensaje para la televisión de EE.UU. En el apareció pestañeando frecuentemente, lo que inicialmente se interpretó como una reacción de molestia frente a las luces. Pero había algo más sutil: en realidad sus pestañeos estaban enviando un mensaje en código Morse (“T-O-R-T-U-R-E”), confirmando las peores sospechas del gobierno norteamericano con relación al trato de los prisioneros de guerra.

¿A qué viene esto? A que las mascarillas nos han quitado la forma más eficiente y tradicional de comunicación no verbal: la expresión facial. Con nuestras caras cubiertas solo nos quedan los ojos para expresar emociones. ¿Pero será posible expresar emociones solo con los ojos? ¿Se podrán interpretar inequívocamente?

Algunas personas parecen tener una ventaja en este asunto. Según John Richardson, la mirada de Picasso era tan poderosa (la “mirada fuerte”, conforme al término andaluz) que no solo podía expresar emociones, sino órdenes. Cuenta Richardson que Picasso ya de niño era capaz con su mirada de “obligar a las mujeres de la Plaza de la Merced a someterse a su voluntad.” Muchos críticos de cine le atribuían a James Dean una gran capacidad para expresar múltiples emociones con solo el movimiento de sus ojos. Poderosa también es la mirada de Sharbat Gula (si no la identifican por su nombre estoy seguro la reconocerán por sus ojos: buscarla en Google), o los ojos de Bette Davis (la canción de Kim Carnes es elocuente).

¿Pero que nos queda a nosotros, mortales de ojos y miradas mediocres, para poder indicar a través de una mascarilla que estamos molestos o contentos? Aprender Morse para emular a Denton no parece muy práctico: tomaría casi un minuto comunicar cualquier cosa.

Tendremos por lo tanto que escoger entre dos opciones. Una alternativa sería desarrollar una serie de símbolos manuales para expresar sensaciones y sentimientos básicos (una versión emocional del juego piedra, papel o tijeras). Otra opción sería comprar una mascarilla transparente. Ya hay varias que satisfacen el estándar N99+ de la FDA.  A menos que con la pandemia acabemos todos llorando: las lágrimas se ven a pesar de las mascarillas.

Arturo Cifuentes
Investigador Asociado en CLAPES UC

Fuente: Diario Pulso pag. 10 del 15 de julio 2020 Visualizar Columna en Fuente